lunes, 9 de marzo de 2015

Supervivencia

Casi todos los que alguna vez se han encontrado perdidos, aislados, lejos de la civilización, han experimentado el miedo a lo desconocido, al dolor y a la incomodidad, a las propias flaquezas. El miedo en tales condiciones no sólo es normal, sino hasta saludable. El miedo agudiza nuestros sentidos y nos quita para afrontar, con bastantes posibilidades de éxito, los peligros que nos rodean. Desde el punto de vista fisiológico, es una descarga de adrenalina que se produce de modo natural como mecanismo de defensa ante cualquier elemento hostil o simplemente ante lo desconocido. Pero el miedo ha de ser enfrentado y debidamente canalizado para que no se transforme en pánico. Este último es la reacción más destructiva que puede darse en una situación de supervivencia. Las energías desperdician, el pensamiento racional queda disminuido o completamente destruido, y toda acción positiva con miras a sobrevivir se toma imposible. El pánico conduce no pocas veces a la desesperación, menoscabando la voluntad de supervivencia. Para hacer del miedo un aliado y del pánico una imposibilidad, es necesario adoptar ciertas medidas de tipo mental que fomenten una actitud positiva. Como ya se ha dicho, una adecuada preparación y el conocimiento de las técnicas básicas de supervivencia inspiran seguridad, lo cual es un primer paso hacia el dominio de sí mismo y del medio ambiente. Además, importa ocupar la mente de inmediato con un análisis de la situación y de las tareas que se imponen con mayor urgencia.
Para evitar accidentes y afrontar con éxito una situación de emergencia depende por completo del nivel de destreza alcanzado, y el capitán deberá ocuparse personalmente de todos los aspectos del adiestramiento a bordo en los procedimientos de seguridad y de emergencia, así como en el uso del equipo de seguridad. Los simulacros y ejercicios periódicos deberán llevarse a cabo de forma realista en situaciones imaginarias o simuladas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario